El adultocentrismo nos aleja de las personas adolescentes de nuestra vida. Pensar que por el hecho de ser adultas tenemos derecho a impulsar que vayan por un camino que nosotras hemos elegido es un error. Si queremos conseguir que se conviertan en ellas mismas, que sean personas auténticas y aprendan a vivir de la mejor forma posible, de la forma que ellas han elegido, es importante no marcarles el camino. De ahí la importancia del verbo acompañar.
Muchas veces sin querer lanzamos nuestras opiniones desde nuestra mirada adulta y sabia, porque nuestras experiencias nos han enseñado mucho, pero no tenemos en cuenta que nuestras experiencias y las suyas no son las mismas. Nada es lo mismo. Somos hijas de nuestro tiempo y el momento en el que nosotras nos desarrollamos como adolescentes no tiene nada que ver con el momento en el que ellas están. El mundo ha cambiado y ellas también son hijas de su tiempo.
Es importante que no menospreciemos su mundo solo porque no lo entendamos, que no menospreciemos sus emociones solo porque no las compartamos o porque creamos que son demasiado jóvenes para sentirse así de mal. Una se siente como se siente. Así que no les digamos nunca a las personas adolescentes que no es para tanto, que son muy jóvenes y que todo irá bien. Digámosles que es importante lo que sienten, que debe ser duro y que eso un día pasará, que nos tendrán a su lado para ayudarlas a seguir adelante.
No les digamos que no tienen personalidad porque las veamos imitar a sus amigas o a sus influencers favoritas. Están haciéndolo para probar y encontrar lo que mejor se ajusta a ellas, para descubrir cómo quieren presentarse al mundo, cómo se sienten más cómodas. Lo hacen por la necesidad de sentir que pertenecen a un grupo de personas que las valora y las quiere por como son, que son especiales por ser como son.
No les digamos que son egoístas, que solo piensan en ellas, solo porque están poniendo su atención en ellas mismas. No es lo mismo ser egocéntrica que ser egoísta. Ponerse en el centro es una necesidad evolutiva durante esta etapa. Están descubriéndose físicamente, descubriendo la forma de su cuerpo y descubriendo nuevas sensaciones y formas de estar en su cuerpo. Están reconociéndose por primera vez y comparando lo que ven con lo que la sociedad en la que viven acepta como bueno. Es un proceso delicado y duro y no para todas es agradable.
No les digamos que no se organizan, que son un desastre, que ya deberían responsabilizarse de todo y hacerlo todo bien. Están aprendiendo y desarrollando las partes de su cerebro que les van a permitir organizarse en el tiempo, planificar, que su memoria funcione bien… No lo hacen mejor porque no pueden o no saben y te necesitan para aprender.
Las cosas que les decimos les afectan muchísimo en esta etapa. Cuando os hablo del control de riesgos en la adolescencia, me refiero, entre otras cosas, a poner mucha consciencia en ayudarlas a calmar el malestar emocional que se deriva de todos los cambios que experimentan. Por un acompañamiento de la adolescencia basado en el control de los riesgos, para que puedan llegar a ser adultas lo más satisfechas posibles, para que puedan vivir con lo que la vida les traiga, sea bonito o no tanto, y seguir adelante sin creer que nada tiene sentido. Para que encuentren el sentido a pesar del dolor.
Lo que les decimos y cómo se lo decimos puede generarles mucho malestar emocional y juega un papel muy importante en esta etapa en la que están construyendo su propia identidad y en la que la autoestima es tan vulnerable. A mayor malestar emocional, mayores las conductas de riesgo.
Les causamos un gran malestar emocional cuando las etiquetamos y les decimos ese tipo de cosas porque, sencillamente, no pueden evitar:
✨ sentir lo que sienten con la intensidad que lo sienten,
✨ querer pertenecer a un grupo y pasar por una fase de imitación en la búsqueda de su propia identidad,
✨ pensar de forma egocéntrica, poniéndose en el centro para encontrarse y proyectarse hacia su vida adulta, que no es lo mismo que pensar solo en ellas o buscar solo su propio beneficio (egoísmo),
✨ o tener dificultades para organizarse, ya que las funciones cerebrales que nos permiten organizarnos se están desarrollando en esta etapa.
No lo pueden evitar. No pueden evitarlo porque forma parte de la adolescencia sentir intensamente, estar socialmente atrapadas, pensar el mundo a través de ellas mismas y organizarse en función de las prioridades de este momento de su ciclo vital.
Si les dices esas cosas rediriges su mirada hacia un lugar que no las va a ayudar.
Otra cosa es saber qué hacer para ayudarlas, saber qué y cómo decirles o qué hacer y cómo para acompañarlas en este momento.
Te lo cuento en mi libro “El día que mi hija me llamó zorra”, (Almuzara, 2022) y que ya va por su sexta edición, te cuento todos los secretos de la etapa y la mejor manera de situarte y acompañarla.
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Sara Desirée Ruiz
Educadora social especializada en adolescencia